Presentación

No recuerdo en qué día o en qué momento decidí subir todos los volcanes de esta isla, pero desde hace poco más un año se ha convertido en una pasión.

Siempre me ha gustado caminar y estar en contacto con la naturaleza. Sin embargo, el hecho de vivir en una isla pequeña y de caminar casi siempre sobre seco se me hacía aburrido: así que decidí subir montañas. Tenemos muchas, no son complicadas y en un rato haces más ejercicio que recorriendo diez kilómetros en llano.

Poco a poco las he ido situando en el mapa y les he ido poniendo nombre. Me he dado cuenta que aunque puedan parecerse no son iguales, cada una tiene su encanto, sus colores, sus vistas… Todas ellas me han ido cambiando la percepción de la isla, de su fisonomía (se ve mejor desde arriba) y me han brindado la oportunidad de obtener fotos y panorámicas maravillosas.

Muchas de ellas las subo yo sola. Bueno no, siempre cuento con la compañía fiel de mi perra Leyla. Otras veces me acompañan amigos y disfrutamos de unos ratitos de charla en lo alto de lo más agradables. Cuando alguien nos acompaña por primera vez le solemos decir: “Cuidado si tienes algún secreto porque en lo alto de las montañas unas energías ocultas nos hacen confesar lo inconfesable”.

En este blog les quiero hacer visibles estos/nuestros volcanes, que siempre han estado ahí como moles inertes que nos observan, pero que pasan inadvertidos desde nuestra rutina y vistas a ras del suelo.