Montaña Tamia

La imponente silueta de Tamia destaca en todo su entorno, desde Tao, desde Tiagua, desde La Vegueta y muchos otros pueblos del interior asoman sus empinadas laderas. En sus cimas nos da una visión de casi 360 grados de toda la isla, desde el Risco de Famara hasta la cordillera de Los Ajaches. Son tres las veces que he subido esta montaña y aunque las vistas son las mismas, la luz y los colores son distintos; es por eso que le dedico un apartado a cada ascenso.

Se halla en el municipio de Teguise y tiene una altura de 550,78 metros.

La primera visita a Tamia fue en septiembre del 2014 por lo que el paisaje mostraba su versión más habitual, máxime siendo finales de verano: seco y desértico.

Vistas a Montaña Meseta, Tisalaya y Ajaches al fondo.

Alineación formada por Montaña Iguaden, Tabayba, Coruja, Los Rostros.

Antecima de El Peñon a 495 metros, las vistas al Risco de Famara y Archipiélago Chinijo en días claros son un espectáculo.

Seguimos hasta el punto más alto marcado por un vértice geodésico. Vistas a Montaña Guatisea, Montaña Blanca y Tesa.

El pueblo de Tao a vista de pájaro y rofera en explotación.

Una enorme cruz de madera se yergue sobre una loma antes de comenzar el descenso.

En abril del 2015 visito de nuevo esta montaña con un amigo que quería disfrutar de unas buenas vistas de la isla. Esta vez la montaña lucía un color dorado, el verde del invierno ya se había secado aunque aún pudimos disfrutar del colorido de algunas florecitas silvestres.

Geometrías agrícolas a los pies de Tamia y Tisalaya.

De vuelta y ya en la caldera nos aguarda una sorpresa, entre el dorado de las espigas sobrevive un campo de margaritas y amapolas.

¡Y por si fuera poco una mariposa azul se deja fotografiar!

Más margaritas nos indican el camino de vuelta.

Y por último, hace unas semanas, aprovechando el verde que nos ha dejado la lluvia de nuevo nos lanzamos ladera arriba a disfrutar de un paisaje del que pocas veces y por poco tiempo podemos hacerlo.

Y ahí sigue la rofera…consumiéndose.

Y aquí sigue la cruz…

Y bajamos a la caldera, esta vez apenas tiene flores pero un bonito e intenso verde nos indica el camino.

Aunque un campo de margaritas un poco más allá de la caldera sacia nuestras ganas de primavera.

Y nos damos el gusto de caminar por un campo verde de espigas.

No sé cuándo volveré ni qué colores voy a encontrar, pero volveré, porque siendo la misma montaña siempre se ve distinta.

Entrada publicada el 13 de abril de 2018