Volcán Khorgo (Mongolia)

Desde hace algún tiempo, Mongolia estaba en mi lista de países a visitar. Sobre todo desde un día que vi un documental del Desierto de Gobi. Me gustan los desiertos, y busqué a qué país tenía que viajar para poder caminar sobre sus dunas. Pero no voy a hablar de desiertos, eso correspondería a otro blog, voy a contarles y mostrarles que en Mongolia, además de desierto, estepas y millones de cabras, ovejas, camellos, jaks…también tiene volcanes.

En el recorrido de más de 2.000 kms. que realizamos por este inmenso país, desde las montañas del norte hasta el desierto en el sur, hicimos una parada en la Reserva Natural de Khorgo. Allí me di cuenta de que por muy lejos que nos vayamos al fin y al cabo nuestro planeta es una casa hecha con los mismos materiales, con diversas formas y colores, pero en esencia todo viene de la misma entraña.

En su interior tiene ese color de lava roja bermeja tan característico pero a diferencia de los de Lanzarote sus laderas y sus coladas están pobladas de pinos que parece que encuentran en ese suelo el lugar ideal para crecer.

No sé qué altura tiene pero la media del país está entre los 1.500 y 2000 metros. De todas formas su ascenso es corto y muy fácil. Es un lugar muy visitado los meses de verano, no solo por turistas extranjeros sino por turismo local, de ahí que al llegar al punto de salida nos encontrásemos con muchas casetas ofreciendo comidas y bebidas.

Un pequeño cráter antes de llegar al principal con agua en el fondo.

Y el gran cráter principal.

No parece muy profundo pero si nos fijamos en el tamaño de las personas que han osado a bajar se puede apreciar las dimensiones. Aunque la mayoría se queda amontonada en el punto de llegada, un selfie y a bajar.

Nosotros decidimos, cómo no, circundar toda la caldera.

Es muy habitual encontrar en los puntos altos de las carreteras y montañas montículos de piedras con telas azules que los mongoles ponen como ofrendas. Entre otras cosas, también se ven muchos billetes de dinero, de poco valor eso sí.

Con nuestro guía local Nyamka, hombre grande y noble como buen mongol que es.

Continuamos cerrando el círculo.

Se me hacía extraño estar tan lejos y ver estas rocas cubiertas de liquen que me resultaban tan familiares.

Vistas al Lago Terkiin Tsagan que junto con el volcán conforman la Reserva Natural de Khorgo.

La foto de recuerdo y nos volvemos por donde hemos venido, queda mucho camino por recorrer hasta Gobi, el gran desierto.

Entrada publicada el 18 de octubre de 2017