La Quemada de Órzola

Un día de mayo del pasado año (2016) fui a parar a la Quemada de Órzola. Para mi sorpresa me encontré con un hermoso cráter que, aún siendo más pequeño, nada tenía que envidiar al gran Cráter de La Corona. A pesar de estar el día nublado se apreciaba un gran colorido de lavas y de vegetación silvestre. Decidí que tenía que volver un día más soleado y con la cámara “buena”. Y así hice, volví una vez pasado el verano, en septiembre, con las luces claras del otoño.

Esta primera foto es reciente y es como se ve desde la carretera que va a Órzola. Prometo sustituirla en cuanto consiga sacar otra un día más luminoso.

Este volcán se encuentra en el norte, en el municipio de Haría y alcanza una altura de 352 metros.

La primera vez subimos por donde sus laderas son más bajas y menos empinadas, las que miran hacia el pueblo de Ye. Pero eso supuso tener que bajar a la caldera por la parte que se abre hacia el mar, resultando esta bajada muy escarpada e incómoda. Así que esta vez nos dirigimos directamente a la caldera siguiendo un cómodo sendero.

La caldera se abre ante nosotros como un gran anfiteatro.

Y toca subir, la pendiente es muy escarpada y en algún tramo hay casi que trepar, aunque yo prefiero subir por la parte más empinada y dejar las bajadas para las pendientes más suaves…o al menos eso me han dicho mis rodillas.

La panorámica hacia el mar se va ampliando.

Una vez arriba vemos asomar al gran Volcán de la Corona.

Vistas al interior del cráter.

Un muro construido por la mano del hombre se mimetiza con la pared natural del volcán.

Antiguos terrenos de cultivos se han transformado en un curioso jardín asilvestrado y que guarda una auténtica joya arquitectónica: un taro.

La flora silvestre se mezclan con viejas tuneras.

Seguimos rodeando el círculo y nos encontramos con más muros y nuevas perspectivas.

Y finalmente, justo donde empezamos la vez anterior, decidimos acabar esta vez.

Entrada publicada el 31 de Mayo de 2017